El Mundial 2026 deparó una sorpresa mayúscula cuando la República Democrática del Congo logró su primer punto en la historia del torneo, frenando a Portugal en un empate a uno. El resultado dejó al conjunto europeo con serias preguntas por responder sobre su profundidad ofensiva y su dependencia continuada de un ídolo en declive.
El estadio se llenó esperando una dominación portuguesa, pero fueron los africanos quienes, en última instancia, tuvieron más argumentos para llevarse los tres puntos. El potente cabezazo de Yoane Wissa instantes antes del descanso anuló el tanto tempranero de João Neves, y la sólida segunda parte de la RDC garantizó que el marcador no se moviera.
Un momento histórico para el fútbol congoleño
Para la República Democrática del Congo, este empate significó mucho más que un simple punto en la clasificación. El equipo había vivido una preparación extraordinariamente complicada, pasando tres semanas en Bélgica bajo protocolos de cuarentena vinculados a un brote de ébola en su país. El apoyo de los aficionados desplazados fue escaso por la misma razón, pero los emigrantes que llenaron algunos rincones del estadio celebraron el resultado con una alegría desbordante.
“Lo dimos todo y estamos encantados”, declaró el seleccionador Sébastien Desabre, cuyo equipo había demostrado una fortaleza mental extraordinaria durante todo el período de preparación. El punto supuso un hito en la historia del fútbol congoleño, borrando el recuerdo del desastroso debut de sus predecesores en 1974, cuando el país competía bajo el nombre de Zaire.
La ventaja temprana de Portugal y sus limitaciones estructurales
Portugal abrió el marcador con rapidez: João Neves se elevó por encima de su marcador para rematar de cabeza un centro en el minuto seis. El gol desató el entusiasmo de una afición que ya había rugido ante el primer toque de Cristiano Ronaldo —un simple pase lateral— como si se tratara de una jugada de genio.
Sin embargo, la ventaja temprana resultó engañosa. El equipo de Martínez controló la posesión sin llegar a amenazar con ampliar la diferencia, y la organización defensiva de la RDC frustró cada intento de generar ritmo. Una intervención desesperada sobre el desbordante Nuno Mendes fue lo más cerca que estuvo Portugal de marcar el segundo antes del descanso.
Wissa marca para igualar el partido
El empate llegó a través de una jugada a balón parado que dejó al descubierto la vulnerabilidad de Portugal en estas situaciones. El incansable trabajo de Samuel Moutoussamy en el centro del campo generó dos córneres consecutivos; el segundo se jugó corto hacia Arthur Masuaku, cuyo centro con efecto encontró a Wissa completamente solo en el segundo palo. Su cabezazo fue contundente, y el reducido contingente de aficionados congoleños estalló de júbilo.
Cédric Bakambu había sido excepcional durante todo el encuentro, combinando una presión incesante con una calidad técnica genuina junto a Wissa. Su veteranía le dio a la RDC una dimensión física y táctica que Portugal no supo contrarrestar, y estuvo cerca de marcar el segundo al contragolpe cuando el partido se abrió en los minutos finales.
La menguante influencia de Ronaldo
El partido puso bajo un foco incómodo las limitaciones actuales de Cristiano Ronaldo. Intrascendente durante largos períodos, apenas generó dos medias ocasiones en la primera parte y envió dos remates fuera del palo tras la entrada de Francisco Conceição, que aportó el desequilibrio necesario por la banda derecha.
Ninguno de los dos fallos fue especialmente grave por sí solo, pero el conjunto de la actuación resultaba elocuente. Martínez optó por mantener a Ronaldo en el campo cuando Vitinha fue sustituido en los últimos minutos, una decisión que levantó cejas dado el escaso impacto del delantero. El presidente de la FIFA, presente en el estadio, podría haber tenido razones para preguntarse si el esfuerzo administrativo para habilitar a Ronaldo para este partido había merecido la pena.
Portugal debe reaccionar antes del próximo desafío
El empate dejó a Martínez visiblemente frustrado, aunque tuvo cuidado de contextualizarlo históricamente. Recordó que Argentina había sufrido una derrota sorprendente ante Arabia Saudí en el Mundial 2022 antes de acabar levantando el trofeo, una comparación que ofrecía cierto consuelo pero que también subrayaba la magnitud del reto por delante.
“Tras el primer gol no llegamos al último tercio con el nivel que necesitábamos”, reconoció el técnico, señalando un problema estructural que iba más allá de las actuaciones individuales. El próximo partido de Portugal, ante Uzbekistán en seis días, brinda la oportunidad de reencauzar el rumbo, pero la excesiva dependencia del equipo de buscar a Ronaldo a través de las bandas deberá corregirse si aspiran a hacer un papel serio en este torneo.

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