Pocos países han transformado su suerte futbolística de forma tan drástica como Marruecos en los últimos años, y quienes conocen el proceso desde dentro aseguran que este cambio no es casualidad. Detrás de escena, una estrategia deliberada y dirigida desde arriba está convirtiendo a los Leones del Atlas en auténticos aspirantes al Mundial, con el respaldo real, una amplia red de captación de talento y una nueva generación de entrenadores locales que aportan su parte.
El respaldo real impulsa un renacimiento futbolístico
El galés Neil Ward dejó su cargo como director ejecutivo de la Football Association of Wales Trust en 2020 para convertirse en director de operaciones técnicas de la Real Federación Marroquí de Fútbol. Dos años después se encontraba en Rabat cuando Marruecos se convirtió en el primer equipo africano en alcanzar unas semifinales del Mundial, y recuerda cómo las celebraciones se extendieron por las calles hasta altas horas de la madrugada, con el propio monarca uniéndose a la fiesta. Francia puso fin a aquella racha, y ambas selecciones vuelven a enfrentarse el jueves, esta vez con un puesto en cuartos de final en juego.
Su compatriota Simon Jennings, que pasó cuatro años supervisando el desarrollo juvenil en el país mientras también ayudaba a impartir titulaciones de entrenador de la Uefa, insiste en que nada de esto ha sido fruto de la casualidad. Lo describe, en cambio, como el resultado de una estrategia nacional deliberada y a largo plazo, impulsada desde la cúpula tanto del fútbol como del gobierno marroquí.
Esa ambición se refleja en el dinero que ha fluido hacia el deporte bajo el patrocinio del rey Mohamed VI. Un centro de entrenamiento de última generación, una academia nacional, sedes regionales y miles de nuevos campos de fútbol amateur se han financiado como parte de este impulso, junto con mejoras en los estadios. Ward señala que instalaciones de élite de este nivel envían una señal clara a los jugadores que militan en Europa sobre la seriedad del proyecto.
No todo el mundo ha recibido bien la magnitud del gasto. Los jóvenes manifestantes han reclamado una mayor inversión en escuelas, hospitales, vivienda y empleo, lo que llevó al palacio real a comprometer alrededor de 11.200 millones de libras a sanidad y educación en el presupuesto de 2026, un aumento interanual del 16%. Para Ward, la inversión en el fútbol responde en realidad a algo más amplio: demostrar que Marruecos puede competir en el escenario mundial y, con ello, ganar influencia de poder blando a nivel internacional.
La captación en la diáspora se convierte en un arma competitiva
La cultura futbolística marroquí siempre ha sido profunda, pero un cambio de mentalidad en torno al Mundial de 2022 ayudó a liberar todo su potencial. Antes de ese torneo, el país solo había llegado una vez a fases eliminatorias, allá en 1986. El extécnico Walid Regragui dejó claro antes de que rodara el balón en Qatar que su plantilla no estaba allí simplemente para completar la fase de grupos: pretendían hacer historia.
Buena parte de esa ambición se sustenta en aprovechar una enorme diáspora, ya que el ministerio de asuntos exteriores del país estima que más de cinco millones de marroquíes viven en el extranjero. Actualmente hay ojeadores a tiempo completo operando en Francia, los Países Bajos, España, Alemania, Noruega, Suecia y Dinamarca con el objetivo específico de identificar a jóvenes talentos elegibles desde edades tempranas. Jennings señala que a estos jugadores no se les trata como una opción secundaria; al contrario, se les integra en la selección nacional como marroquíes de pleno derecho, con un orgullo firme por esa identidad en lugar de vivirla como una nacionalidad de segundo orden.
Las cifras respaldan esta afirmación. Diecinueve de los 26 jugadores de la actual plantilla marroquí para el Mundial nacieron fuera del país, y seis de ellos —incluido el centrocampista del Lille Ayyoub Bouaddi, muy valorado— también podían haber representado a Francia, rival en cuartos de final. Bouaddi se formó en las categorías juveniles francesas, pero siempre sintió una fuerte conexión con sus raíces marroquíes. La joven estrella española Lamine Yamal, cuyo padre es marroquí, también ha sido objeto de acercamientos, con responsables de la federación reuniéndose con él y su familia. Ward asegura que este enfoque no deja nada al azar, y recuerda que Yamal ya estaba en el radar de Marruecos cuando era una promesa de 12 o 13 años en el Barcelona.
Convertir la inversión de base en éxito en el primer equipo
Chris van Puyvelde, director técnico de la federación entre 2022 y 2025, afirma que el próximo objetivo es lograr un reparto más o menos equilibrado entre jugadores formados dentro de Marruecos y aquellos criados en el extranjero para cuando llegue el próximo Mundial. No obstante, advierte que la infraestructura futbolística general del país todavía necesita mejoras significativas para sostener esa ambición.
Equilibrar la paciencia con la presión por obtener resultados inmediatos no siempre ha resultado sencillo. El actual seleccionador absoluto, Mohamed Ouahbi, sintió esa tensión de primera mano cuando su equipo sub-20 se quedó fuera de la clasificación para la Copa Africana de Naciones en 2023. Sin embargo, con tiempo y respaldo continuado, el técnico nacido en Bélgica llevó a esa misma categoría a ganar el Mundial sub-20 en 2025.
Ouahbi fue ascendido al cargo del primer equipo apenas unos meses después, tras la salida de Regragui a raíz de una decepcionante participación en la Copa Africana de Naciones 2025. A pesar de la necesidad de reorganizarse rápidamente antes del Mundial, la federación le ha mostrado una confianza a largo plazo, vinculándolo al cargo hasta el torneo de 2030.
La mirada ya puesta en el horizonte de 2030
Con Marruecos como coanfitrión del Mundial de 2030 junto a Portugal y España, la sensación es que esto es solo el principio. Van Puyvelde describe un doble esfuerzo: nuevos estadios que se levantan al mismo tiempo que se reconstruye una estructura futbolística desde la base hacia arriba.
Compara el impulso actual con la llegada de oxígeno a un sistema: una vez que Marruecos probó el éxito en Qatar, esa energía comenzó a propagarse rápidamente por cada rincón del país, alimentando ambiciones que van mucho más allá de un solo torneo.

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