El entrenador Rudi Garcia asegura que su equipo ha ganado “millones y millones” de nuevos admiradores tras la polémica en torno a la anulación de la tarjeta roja de Folarin Balogun, y que esta inesperada ola de simpatía impulsará a Bélgica en su cuarto de final del Mundial contra España.
Una polémica que se convirtió en punto de unión
La previa del encuentro de octavos de final entre Bélgica y Estados Unidos estuvo dominada por un extraordinario episodio fuera del campo. Tras la expulsión directa de Balogun en la fase de grupos ante Bosnia y Herzegovina, Donald Trump afirmó públicamente haber contactado con la FIFA para que el castigo quedara en suspenso. El organismo rector tomó la decisión sin precedentes de aplazar la sanción durante un año, aunque ello no tuvo ningún efecto sobre el resultado en el terreno de juego.
Bélgica arrolló a los anfitriones 4-1, y las redes sociales de la federación nacional respondieron con un mensaje contundente: “overturn this”. Los jugadores celebraron el triunfo imitando el baile característico de Trump, mientras que Garcia confirmó más tarde que había hablado en privado con Balogun, tranquilizándole y dejando claro que ni la intervención política ni la condescendencia de la FIFA eran responsabilidad suya.
Lejos de desestabilizarse por el circo mediático, Bélgica salió de él con una base de seguidores más amplia. “Teníamos 12 millones de aficionados belgas y ahora, en los últimos días, creo que tenemos millones y millones detrás de nosotros”, dijo Garcia. “Se han unido a nuestras filas y creo que eso nos dará una fuerza increíble.”
La visión de Garcia ante el reto de España
El cuarto de final en el Estadio de Los Ángeles supone una prueba formidable. Con Estados Unidos eliminado, se espera que el recinto de 80.000 localidades esté ocupado mayoritariamente por aficionados estadounidenses, una afición que no apoyará a Bélgica. Sin embargo, Garcia no mostró ningún signo de inquietud, recordando cómo su equipo ya había superado un ambiente hostil en Seattle.
“Las condiciones serán igual de difíciles que en los octavos de final”, afirmó. “No sé cómo será el ambiente en el estadio, pero nos concentraremos en lo que tenemos que hacer. Tenemos bastante con el equipo español.”
Garcia reconoció el estatus de España como uno de los principales favoritos del torneo, elogiando su calidad colectiva e individual forjada a lo largo de década y media de dominio. Señaló que España aún no había encajado ningún gol, pero se negó a considerar ese registro como inamovible. “Las estadísticas están para romperse”, dijo, “y haremos todo lo posible para marcar.” También destacó que Bélgica es el segundo equipo más goleador del torneo, rebatiendo la expectativa generalizada de que la aventura de su equipo estaba a punto de terminar.
Lukaku — El arma que espera en el banquillo
Gran parte de la conversación previa al partido giró en torno a Romelu Lukaku, el máximo goleador histórico de Bélgica, que ha pasado la mayor parte del torneo como revulsivo desde el banquillo. El delantero de 33 años solo ha sido titular en un partido, pero ya ha aportado tres goles y una asistencia, a un ritmo de un gol cada 50 minutos en el campo, cifra que incluye un tanto ante Estados Unidos.
Su registro internacional asciende a 93 goles, situándole por detrás únicamente de Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Ali Daei de Irán y Sunil Chhetri de India en el palmarés histórico. Cabe destacar que Lukaku ha alcanzado sus goles a un ritmo más rápido que Ronaldo o Messi a nivel internacional.
Garcia fue directo sobre el efecto psicológico que Lukaku provoca en las defensas rivales. “Cuando entra, los rivales tiemblan, están mucho más preocupados”, afirmó el técnico. Ambos comparecieron juntos en la rueda de prensa previa al partido, con Garcia bromeando sobre que Lukaku solo fingía ser suplente.
La mentalidad de Lukaku y la ambición de Bélgica
El propio Lukaku habló abiertamente sobre las conversaciones que definieron su papel en este torneo. Él y Garcia se reunieron en abril, y el entrenador le visitó personalmente para una charla de dos horas. “Sé cuál es mi papel en este torneo”, dijo Lukaku. “Sería una locura, habiendo jugado solo 64 minutos con el Nápoles, empezar todos los partidos. Sería autodestructivo. Todo es por el equipo. También tengo que jugar con la cabeza.”
La temporada del delantero en el Nápoles estuvo gravemente lastrada por las lesiones, limitando su tiempo en el campo al mínimo. Sin embargo, lejos de ver su papel reducido como un menosprecio, Lukaku lo asumió como un acuerdo pragmático al servicio del colectivo. Su preparación física y mental, afirmó, ha sido cuidadosamente gestionada a lo largo de la competición.
“Si llegas hasta aquí no vas a jugar solo para irte a casa”, añadió Lukaku. “Necesitamos jugar el partido perfecto mañana.”

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