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La crisis del Real Madrid: conflicto interno, caos y sequía de títulos

Mason Hart
Mason Hart
Publicado: 13.05.2026 Actualizado: 15.09.2026

Cuando el Real Madrid abandonó el césped del Camp Nou el domingo por la noche, los jugadores del Barcelona ya celebraban su título de LaLiga a sus espaldas. Los fuegos artificiales en azul y rojo iluminaron el cielo nocturno sobre el estadio mientras el plantel del Barça levantaba el trofeo de campeón, dando inicio a lo que sería una larga celebración. El Madrid, mientras tanto, ya había partido.

Para el Real Madrid, aquella fue una noche —y toda una temporada— que mejor olvidar.

El marcador de 2-0 en el Clásico apenas reflejó la superioridad del Barcelona; la brecha de 14 puntos que separa a ambos clubes en la clasificación ofrece una imagen mucho más fiel de la realidad. Con tres jornadas aún por disputar, la situación de los Blancos podría empeorar todavía más. El Barça suma 91 puntos, y el centenar de puntos —un hito alcanzado solo dos veces en la historia, por el Madrid en 2011-12 y por el Barça la temporada siguiente— está ahora al alcance. La diferencia entre ambos rivales también podría superar el récord de 15 puntos que el Barça estableció en 2013.

Un panorama tan sombrío hace fácil olvidar que hace menos de dos años, el 1 de junio de 2024, el Madrid levantaba el trofeo de la UEFA Champions League en Wembley —su segunda corona continental en tres años— tras haber conquistado ya la LaLiga. Lo que vino después han sido dos temporadas consecutivas sin títulos, una sequía no vivida desde 2006.

¿Cómo cayó el Madrid tan rápido? La respuesta no está tanto en la plantilla en sí. De los 11 jugadores que salieron al campo en aquella final de la Champions League en Wembley, nueve siguen en el club. El verdadero problema es una sucesión de malas decisiones tanto en el apartado de fichajes como en el de liderazgo, que abarca desde el consejo de administración hasta el vestuario.

El factor Mbappé

Cuando Kylian Mbappé llegó libre desde el PSG en 2024, el movimiento parecía evidente: incorporar a uno de los delanteros más prolíficos del fútbol a un equipo ya exitoso.

Sin embargo, voces dentro del club cuestionan ahora abiertamente si aquella decisión fue acertada, especialmente teniendo en cuenta que Vinícius Junior ya se había consolidado como el líder indiscutible del equipo y como candidato al Balón de Oro. Según estas fuentes, la incorporación de Mbappé respondió principalmente a una ambición personal del presidente Florentino Pérez, más que a una necesidad táctica real.

Estadísticamente, Mbappé no ha defraudado —31 goles en LaLiga en su primera temporada y 24 en la actual son difíciles de ignorar—. Sin embargo, su presencia ha perturbado visiblemente tanto el esquema del equipo como su dinámica interna. Tres entrenadores consecutivos —Carlo Ancelotti, Xabi Alonso y ahora Álvaro Arbeloa— han fracasado en la construcción de un sistema coherente capaz de acomodar simultáneamente a Mbappé, Vinícius y Jude Bellingham, especialmente ante rivales de primer nivel.

Los resultados hablan por sí solos. El Madrid perdió los cuatro Clásicos ante el Barcelona la temporada pasada. En 2025-26, sí logró una victoria por 2-1 ante su máximo rival en octubre, pero también sufrió una humillante derrota por 5-2 ante el Atlético de Madrid en septiembre, acumulando en total seis derrotas en LaLiga, con el encuentro decisivo del domingo en el Camp Nou como colofón.

En el plano continental, Mbappé ha disputado 25 partidos de Champions League con el Real Madrid, con el club perdiendo 10 de ellos, incluidas las eliminaciones en fase de knockout ante el Arsenal y el Bayern Múnich.

Los problemas físicos recurrentes han limitado la disponibilidad de Mbappé a lo largo de esta temporada, obligándole a perderse encuentros clave ante el Manchester City, el Benfica y, más recientemente, el propio Clásico.

Por primera vez, la dedicación y el profesionalismo del delantero están siendo cuestionados. Unas vacaciones tomadas con su pareja durante un período de recuperación —con Mbappé regresando a Madrid apenas minutos antes de que sus compañeros debieran enfrentarse al Espanyol— generaron una importante atención negativa, aunque sus representantes lo calificaron como “una sobreinterpretación” de elementos relacionados con un período de recuperación estrictamente supervisado por el club.

Durante el partido del domingo en el Camp Nou, su contribución desde la distancia se limitó a una publicación en Instagram con el mensaje “Hala Madrid”, publicada cuando el marcador ya reflejaba un 2-0 a favor del Barcelona.

De cara a la próxima temporada, Mbappé afronta un escrutinio de una magnitud completamente diferente. Las críticas hacia él son sin precedentes, y ahora debe demostrar su valía tanto a nivel individual como colectivo si quiere seguir siendo central en los planes del Real Madrid.

Alonso, derrotado por la política del vestuario

Xabi Alonso llegó al Madrid el pasado verano procedente del Bayer Leverkusen con un encargo claro: abordar la cultura permisiva que se había instalado bajo Ancelotti, imponer mayor disciplina y construir un enfoque de juego más estructurado y colectivo. Su etapa al frente del equipo duró apenas 233 días.

Según fuentes con conocimiento de la situación, Alonso se vio socavado casi de inmediato por las dudas, tanto desde la jerarquía del club como desde el propio vestuario. El director general José Ángel Sánchez había sido el principal impulsor de su nombramiento, pero otros dentro de la organización consideraban que Alonso no tenía el perfil adecuado para el cargo: se le percibía como demasiado centrado en el aspecto técnico y poco apto para las exigencias simbólicas de dirigir al Real Madrid.

El escepticismo partió del presidente Pérez y se fue extendiendo gradualmente a los jugadores más influyentes. Según la información disponible en aquel momento, Vinícius, Federico Valverde y Bellingham fueron algunos de los pesos pesados del vestuario que albergaban reservas sobre el nuevo entrenador.

La posición de Alonso en la dinámica Vinícius-versus-Mbappé nunca fue ambigua. Inicialmente había considerado dejar al brasileño fuera del once titular durante el Mundial de Clubes del verano anterior, y posteriormente lo sentó en el banquillo en varias ocasiones una vez iniciada la temporada doméstica. La profundidad de la frustración de Vinícius quedó al descubierto cuando cuestionó en voz alta la decisión de sustitución de Alonso durante el Clásico de octubre en el Bernabéu, ante la mirada de una audiencia global.

El club no respaldó a Alonso en los días posteriores. Su autoridad fue cuestionada abiertamente y el daño resultó irreparable. Aunque algunos miembros del vestuario continuaron apoyando a Alonso y sus métodos, las divisiones dentro del grupo han persistido.

Los resultados no mejoraron y Alonso fue destituido en enero.

Arbeloa: un breve resurgir y luego el colapso

Álvaro Arbeloa tomó el relevo el 13 de enero con la misión de sanar el fracturado vestuario, recuperar a figuras clave como Vinícius y extraer lo mejor de una plantilla en la que el club aún creía que había calidad real.

Su imagen pública era la de una positividad incansable. Vinícius “encarna lo que es un jugador del Real Madrid“, declaró Arbeloa; Valverde poseía “el espíritu del [leyenda madridista] Juanito“; Antonio Rüdiger merecía “una estatua en mi jardín”.

Al principio, el enfoque dio sus frutos. El Madrid respondió bien, con Arbeloa ganando 17 de sus primeros 21 partidos, incluidas victorias ante equipos dirigidos por algunos de los entrenadores más laureados del fútbol: José Mourinho del Benfica, Pep Guardiola del Manchester City y Diego Simeone del Atlético de Madrid. Vinícius alcanzó su mejor forma como profesional, marcando goles decisivos ante el City y el Atlético, y abrazando visiblemente a Arbeloa en la banda.

Pero cuando la temporada entró en su tramo decisivo, las carencias de la filosofía de Arbeloa —centrada en la personalidad y la armonía— se hicieron imposibles de ignorar.

En LaLiga, los puntos perdidos ante el Mallorca, el Girona y el Real Betis dejaron la carrera por el título prácticamente sentenciada. En la Champions League, el Madrid fue eliminado por el Bayern Múnich, pese a una actuación valiente en una eliminatoria que terminó 6-4 en el global. La prometedora integración de jugadores del filial como Thiago Pitarch y Gonzalo García fue abandonada, y las debilidades históricas del equipo —en particular su incapacidad para defender eficazmente sin balón— reaparecieron.

Mientras tanto, el vestuario se sumió en una serie de controversias dañinas.

Según nuestra publicación, Rüdiger se vio envuelto en una confrontación física con un compañero, posteriormente identificado como el defensa Álvaro Carreras. Fuentes indicaron que la relación de Arbeloa con varios jugadores —entre ellos Dani Carvajal, Dani Ceballos y Raúl Asencio— se había deteriorado, y que también habían surgido tensiones entre Mbappé y miembros del cuerpo técnico de Arbeloa.

Entonces, en los días previos al Clásico decisivo para el título, trascendió que Federico Valverde no viajaría a Barcelona tras sufrir una lesión en la cabeza en un altercado con Aurélien Tchouaméni. El club respondió sancionando a ambos jugadores con €500.000 cada uno.

Las sesiones de entrenamiento de las últimas semanas se han dedicado casi exclusivamente al control de daños y a la gestión de la moral, según fuentes, con escaso éxito.

El discurso público de Arbeloa también ha experimentado un cambio notable, pasando de los elogios incondicionales a una crítica velada de la mentalidad colectiva del equipo a medida que los resultados han empeorado.

“Como he dicho muchas, muchas veces, necesitamos dar un paso adelante colectivamente”, declaró tras la derrota en el Camp Nou.

“Necesitamos una idea mucho más clara de lo que queremos hacer, y anteponer lo colectivo a lo individual. Necesitamos una idea clara. Ese es el punto de partida. Hemos perdido muchos puntos ante equipos ante los que no deberíamos haberlo hecho.”

Turbulencias en la cúpula directiva

Fuera del terreno de juego, el Madrid y su presidente de 79 años, Pérez, se han visto envueltos en una serie de batallas institucionales, con el club sufriendo reveses en varios de sus proyectos más ambiciosos.

Todavía en noviembre, Pérez aseguraba a los socios del club en una asamblea general que seguía “más convencido que nunca” de que el Madrid prevalecería en su enfrentamiento legal con la UEFA por la Superliga. Apenas tres meses después, el club emitió un comunicado confirmando que se había alcanzado un acuerdo con el organismo rector del fútbol europeo, abandonando efectivamente cualquier reclamación de compensación económica.

En el plano doméstico, la renovación del Bernabéu por 1.000 millones de euros se ha visto complicada por recursos legales relacionados con los eventos musicales celebrados en el estadio, tras denuncias por exceso de ruido. Dichos eventos permanecen suspendidos a la espera de un acuerdo con las autoridades municipales.

La ambición de Pérez de reestructurar el modelo de propiedad del club —abriéndolo a la inversión externa— también parece estancada, sin indicios de que la junta general extraordinaria que el presidente prometió convocar vaya a celebrarse en un futuro próximo.

Todo esto se desarrolla en el contexto de dos años sin títulos y una presión creciente sobre la dirección deportiva del club. Cuando Pérez dimitió al final de su primer mandato como presidente en 2006 —para regresar tres años después—, reconoció que la generación de los Galácticos había sido mimada hasta el punto de la disfunción.

Veinte años después, ante una situación deportiva sorprendentemente similar —un equipo repleto de estrellas pero sin rendimiento—, se enfrenta al mismo reproche: que su estilo de gestión ha empoderado a los jugadores individuales en detrimento del éxito colectivo.

¿Puede el Madrid reconstruirse este verano?

Los próximos meses traerán una oleada de decisiones trascendentales —un nuevo entrenador, movimientos significativos en el mercado de fichajes y reformas estructurales—, todo ello en medio de lo que fuentes describen como un vacío de liderazgo en el núcleo del club.

Pérez ha gobernado el Madrid durante mucho tiempo a través de un modelo presidencial muy centralizado, pero su avanzada edad hace que esto sea cada vez más difícil de sostener. Mientras tanto, según fuentes, otros dentro de la organización se posicionan para ganar mayor influencia.

Los nombramientos de entrenadores del Madrid en la última década han favorecido consistentemente a caras conocidas —ya sean técnicos que regresan como Ancelotti y Zidane, o exjugadores como Alonso y Arbeloa—. No sorprende, por tanto, que José Mourinho —otro exentrenador del Madrid— haya emergido como el principal candidato para el cargo.

Los recursos para fichajes están limitados para los estándares del Madrid, siendo necesarias ventas significativas antes de poder realizar inversiones de calado. Las modestas aportaciones de los fichajes del pasado verano —Trent Alexander-Arnold, Dean Huijsen, Álvaro Carreras y Franco Mastantuono— generan dudas legítimas sobre la capacidad del club para identificar y contratar jugadores que realmente eleven el nivel del equipo. A esto se suma la situación sin resolver de Vinícius Junior, cuyo contrato expira en 2027.

El desafío que afronta el Madrid es considerable, y el coste de nuevos errores podría ser otra temporada de fracasos. Si los eventos de los últimos días representan el punto más bajo de este ciclo —o simplemente una parada en un declive más prolongado— dependerá enteramente de las decisiones que se tomen en las próximas semanas y meses.

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